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jueves, 28 de enero de 2010

El ¨Sheriff¨ fue sentenciado por difamar a Ketín Vidal

CON SUS ACUSACIONES SE DISPARÓ A SÍ MISMO

El 'Sheriff' fue sentenciado por difamar a Ketín Vidal

Benedicto Jiménez fue condenado a tres años de cárcel suspendida. Figura de la prescripción no procede, según abogado penalista

Por: Henry López Tafur

Jueves 28 de Enero del 2010
El Comercio Perú

El coronel PNP (r) Benedicto Jiménez, ex jefe del Grupo Especial de Inteligencia de la Policía Nacional (GEIN) y gestor de la captura del cabecilla terrorista Abimael Guzmán, se libró de ir a prisión. El juez Alfonzo Payano, del Juzgado Penal 17 de Lima, lo sentenció ayer a tres años de cárcel suspendida en el juicio por difamación que le entabló en el 2004 el general PNP (r) Antonio Ketín Vidal, ex ministro del Interior.

La lectura de la sentencia fue un día después de que Jiménez fuera detenido a media cuadra de su casa de San Borja. Sobre él pesaba una orden de captura dictada el 18 de diciembre del 2008 por el mencionado magistrado, cuyo despacho se encuentra en el Palacio de Justicia, adonde fue trasladado el también llamado “Sheriff” luego de pasar la noche en la sede de Requisitorias.

En dicha dependencia, Jiménez recibió las visitas de Héctor John Caro, ex jefe de la Dirección contra el Terrorismo (Dircote), y de Marco Miyashiro, ex director de la PNP y actual integrante del gabinete de asesores del Ministerio del Interior.

El juez Payano encontró culpable a Jiménez del delito contra el honor (difamación). Por ello, el ex oficial PNP deberá cumplir con ciertas reglas de conducta como no variar de domicilio ni ausentarse del país sin autorización. Además, deberá concurrir cada 30 días al local del juzgado para firmar un cuaderno y dar cuenta de sus actividades. También se dispuso el pago de una reparación civil de 30 mil soles.

El general Antonio Ketín Vidal inició en junio del 2004 un proceso por difamación agravada contra Jiménez luego de que este publicó un artículo en el diario “Correo” en el que decía que el ex ministro, entonces jefe de la Dincote, había incurrido en 26 hechos ilegales.

APELAN SENTENCIA

A su salida de la sede judicial, tras la lectura de sentencia, y en medio de estrictas medidas de seguridad, Jiménez dijo no estar conforme con el fallo porque el delito había prescrito. Agregó que su cambio de “look” (lucía el cabello pintado de negro y se había afeitado el bigote) se debía a que no tiene personal de seguridad y lo hacía para protegerse así mismo y a su familia. “Apelaré. Soy inocente”, dijo.

Su abogado Heriberto Benítez señaló que ya presentó la apelación porque discrepa con la postura del juez respecto al tema de la prescripción. “A Benedicto Jiménez se le ha aplicado una ley inconstitucional referida a la contumacia. No se olviden que en el 2000 el Poder Judicial dijo que esa ley era inconstitucional y gracias a eso Alan García regresó al Perú”, señaló el letrado.

CUESTIÓN DE TIEMPOS

El abogado penalista César Azabache explicó que la ley de contumacia tenía dos partes. Por un lado —refirió el especialista— declaraba que por el hecho de haberse escapado, el reo contumaz había cometido un segundo delito y debía ser condenado. “Ese extremo ha sido declarado inconstitucional”, señaló.

La segunda parte de la ley —expresó— declara que el contumaz que se ha fugado no puede alegar a su favor el tiempo que tomó la policía en capturarlo. “Si lo que ha hecho esta sentencia es no conceder la prescripción por no contar dentro del plazo de esta figura el tiempo entre la declaración de reo contumaz y la detención, entonces el juez ha procedido correctamente”, opinó el letrado.

En breves declaraciones a El Comercio, Vidal Herrera dijo que “si [la defensa de Jiménez] tiene que apelar, ya veremos qué pasa en una siguiente instancia. A lo mejor nosotros también apelamos”, señaló.

PASO A PASO

Casi seis años de lucha en tribunales
1. El 22 de junio del 2004, Benedicto Jiménez Bacca escribió en un artículo publicado en el diario “Correo” que Antonio Ketín Vidal, su ex jefe en la Dincote, había incurrido en 26 hechos ilegales, entre ellos varios delitos graves.

2. Un día después, Vidal Herrera denunció a Jiménez por el delito de difamación agravada. El Juzgado Penal 17 de Lima se hizo cargo.

3. El 10 de octubre del 2007, el juez Carlos Ccallo Chirinos ordenó la ubicación y captura de Jiménez tras declararlo reo contumaz. El ex jefe policial no se presentó a ninguna de las tres citaciones para la lectura de sentencia.

4. El 25 de enero del 2008, Jiménez Bacca se reunió con el titular del Juzgado Penal 17 de Lima, Luis Orlando Carrera Contti. La OCMA abrió investigación contra dicho juez por no haber ejecutado la detención de Jiménez.

5. El juez Alfonzo Payano Barona notificó a Jiménez para la diligencia de informe oral para el 10 de noviembre del 2008. El ex oficial no se presentó. El magistrado lo volvió a citar para el 16 de diciembre para la lectura de sentencia, pero tampoco acudió.

6. El 18 de diciembre del 2008, el juez Payano declaró reo contumaz a Jiménez y ordenó su inmediata ubicación y captura.

7. El 26 de enero del 2010, Jiménez fue detenido cerca de su casa en el distrito de San Borja. Un día después, fue sentenciado a tres años de prisión suspendida.

OPINIONES

“El caso tiene casi 6 años y este señor (Jiménez) ha estado prófugo. Si no ha hecho nada, por qué no se puso a disposición de la justicia”.
ANTONIO KETÍN VIDAL. EX MINISTRO

“El delito de difamación prescribe si pasan 4 años y medio. Con Jiménez pasó menos tiempo. No se cuenta su etapa de reo contumaz”.

MARIO AMORETTI. PENALISTA

EL PERSONAJE

BENEDICTO JIMÉNEZ. CORONEL DE LA PNP (R)
Nació en Pisco (Ica) el 7 de mayo de 1953. Además de coronel retirado de la Policía Nacional, es abogado. Fue jefe del Grupo Especial de Inteligencia de la PNP que el 12 de setiembre de 1992 capturó al terrorista Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso. También ha sido candidato a la Alcaldía de Lima por el Partido Aprista Peruano, en el 2006, y ocupó la jefatura del Instituto Nacional Penitenciario, del 3 de febrero al 5 marzo del 2007.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Transfondo de un escándalo



Trasfondo de un escándalo
Por: César Azabache Caracciolo Abogado

Me cuento entre los muchos que deben haber sentido curiosidad por leer la compilación de [Elena] Yparraguirre. Confieso que mi interés proviene más de la atención que dedicaron determinados medios a la presentación que de la existencia misma del texto. Hace ya bastante que dejé de leer todo lo que se publica por el hecho de estar publicado. No he leído, por ejemplo, ninguno de los tres libros que publicó Montesinos desde la prisión, y no creo, honestamente, que sea imprescindible leerlos.

Sin embargo, la presentación del libro de Guzmán convocó más atención y reacciones más intensas que los tres libros seguidos de Montesinos. Y mi curiosidad se despertó. Gracias a un muy buen amigo, interesado en general en este tipo de asuntos, pude acceder a una copia del texto (los originales parecen haber sido ya confiscados por las autoridades). Y debo decir que el texto muestra a un Guzmán que no tiene punto de comparación con el Guzmán de la llamada “entrevista del siglo” de 1983. Este es un Guzmán intelectualmente desarticulado, que probablemente haya sido exhibido públicamente por razones que ya no está en posición de controlar. La derrota militar de su versión del senderismo a mediados de los años 90 y más de 17 años de cárcel han convertido a quien fue el terrorista más buscado de nuestra historia en alguien que no es capaz de escribir ya ni siquiera un texto articulado. Los editores del libro han aprovechado como han podido manuscritos sueltos de Guzmán sobre sí mismo y los han mezclado con notas de nivel escolar sobre manuales de derecho de uso común. Han reimpreso fotografías antiguas, algunas arengas solapadas y han perpetrado un par de textos cortos (el núcleo del caso por apología) que recuerdan los viejos volantes del senderismo de los años 90, para simular un libro que los presenta como los herederos del otrora jefe del senderismo. La presentación seguida de las cartas de Guzmán sobre la muerte de su primera esposa y las cartas enviadas a Yparraguirre insinúan una línea de conexión y continuidad (a “Norah” le sigue “Miriam”) entre los dos matriarcados del senderismo que el texto parece emplear como base para sostener que hay una segunda línea de conexión entre el llamado “acuerdo de paz” que Montesinos y Guzmán presentaron en los 90 y la estrategia legal de defensa de los senderistas en prisión.
La insistencia en pretender que es Guzmán quien dirige la estrategia legal del senderismo y que su mensaje final es luchar por la libertad de los terroristas en prisión son los puentes que cierran el círculo de un testamento pegado artesanalmente a pedazos. Es como si un grupo de personas que reclaman ser las herederas de un casi difunto lo maquillara, lo sentara en una silla de ruedas y forzara en su rostro una mueca de sonrisa para hacer una foto que demuestre su vinculación de cara al futuro.

Si algo muestra el libro, entonces, es un torpe intento por establecer una sucesión en una línea que, suponen los editores, es política. Cortar este intento a través de un caso legal por apología parece entonces haber sido una buena idea. De hecho, el texto no es un ejercicio de libertad de expresión, sino un intento solapado por legitimar una nueva dirección de un grupo que en mi opinión fue, es y seguirá siendo terrorista. Y eso es bastante más que apología.

Lo curioso es que el texto reivindica como un éxito del senderismo de Guzmán la anulación de los procesos militares ordenada por el Tribunal Constitucional en el 2003, e insinúa, sigilosamente, que las más de 5.000 firmas recolectadas para la demanda son la base de algo que, leído entrelíneas, quieren presentar como el caudal electoral que podría convertir al senderismo en un partido legal organizado para lograr la amnistía de los senderistas que aún están en prisión.

Curioso, en verdad. El senderismo de Guzmán (o alguien, reivindicando a Guzmán) quiere llegar al Congreso. Quedará en las autoridades establecer si el destino final de este intento, en verdad, conduce a prisión. Por lo que toca a nosotros, tal vez sea mejor concentrarnos en otros asuntos de mayor interés.

jueves, 18 de noviembre de 2004

¿Cómo acusar a Guzmán?



¿Cómo acusar a Guzmán?
César Azabache Caracciolo

La anulación del primer juicio contra Guzmán abre una oportunidad que no se puede desaprovechar. El país reclama una acusación que corresponda a lo que todos sentimos que representa el terrorismo. Y está claro que esa nueva acusación no puede tener la dimensión que tuvo la presentada por el caso César Vallejo.
El caso que acaba de concluir no representaba lo que todos esperamos como “la” acusación del Estado contra Guzmán. Un caso como ese no es adecuado para iniciar el debate moral que necesitamos sobre la responsabilidad del terrorismo. Desde el punto de vista legal, dudo además un juicio de ese tipo hubiera podido justificar el debate sobre la cadena perpetua para Guzmán. En estas condiciones ¿qué hubiera pasado si el juicio hubiera continuado hasta el final? El tribunal habría tenido que considerar probado que Guzmán es jefe del senderismo, y luego condenarlo por organizar un grupo de financiamiento. Difícil de entender, ciertamente. Probar un hecho gravísimo para terminar responsabilizando al acusado por un crimen relativamente menor. Si se hubiera puesto cadena perpetua en esas condiciones la defensa alegaría que la condena no corresponde a los hechos. Y con eso tendrían a su favor un caso que exhibir ante la comunidad internacional. Claro, para evitar esto se le habría podido condenar a Guzmán a 30 años. Pero entonces todos sentiríamos que aquí estropeamos las cosas, porque Guzmán habría comenzado este proceso con cadena perpetua y saldría de la audiencia con una pena simbólicamente menor. Y todavía la defensa podría abrir un debate legal bastante complicado: Podría pretender que concluido el primer proceso, ya no se puede acusar a Guzmán como jefe del senderismo, porque eso ya fue materia de debate. Y habría tenido importantes (no definitivas, pero importantes) razones legales en que apoyarse.
Hay que tener esto presente al momento de replantear las cosas. Y quien tiene la palabra no es, dicho con todo respeto, la Procuraduría ni la judicatura. Es la Fiscalía. La Fiscalía debe explicarnos cómo organizará la siguiente acusación. Debe explicarnos cuáles son los hechos que va a presentar y cuándo estará lista para llevar a Guzmán a juicio por un proceso que contenga en su gravedad la verdadera dimensión de los crímenes del terrorismo.
Abona a favor la fiscalía la enorme cantidad de información que ahora se tiene sobre el senderismo. Ya no puede haber errores al enumerar a sus principales dirigentes. Ya se sabe quién es quién. Hay varios expertos sobre estos asuntos que pueden ir al juicio como testigos técnicos. También pueden llamar a las víctimas como testigos.  No puede haber problemas probatorios. La Fiscalía puede probar que el senderismo incluyó entre sus procedimientos la extorsión y el asesinato. Puede probar que empleó de manera sistemática coches bombas y explosivos que produjeron daños a escala catastrófica. Puede probar crímenes concretos como Tarata y Lucanamarca. La fiscalía tiene además a su favor un cambio reciente en las leyes del procedimiento que le permite promover la reorganización de los casos ya abiertos, separando o acumulando los hechos que estén en procesos originalmente mal planteados.
En estas condiciones, comenzar otra vez con un caso insignificante sería un error inaceptable.