martes, 9 de enero de 2018

Caso Fujimori: Indulto y gracia

 Fujimori podría ser procesado por el Caso Pativilca



¿Por qué Fujimori no puede quedar fuera del Caso Pativilca?
La Constitución le pone una condición al Presidente de la República. Solo autoriza que él se inmiscuya en casos judiciales cuando el procedimiento ha caído en retardo. La medida de retardo es una fórmula que es el doble del tiempo de la instrucción más su ampliatoria.

¿A cuánto equivale ese tiempo?
En el Código de Procedimientos Penales, el plazo de instrucción puede tomar a los más ocho meses en los casos complejos y la ampliatoria toma cuatro meses más. La ampliación la concede el juez cuando proceso no ha terminado. Si usamos esa ecuación, el plazo más la ampliación es el doble de doce (24 meses).

No ha transcurrido ni un año.
De febrero a diciembre, más de 10 meses. En términos de la Constitución no está cumplido el plazo para que el Presidente puede intervenir en el proceso de Pativilca.

¿Y por qué otros abogados califican el caso de “simple”?
Es imposible no considerar un caso por violaciones de derechos humanos como complejo y por la antigüedad no se puede considerar simple. Los casos simples son aquellos que no tienen dificultades procesales y no dependen de la cooperación internacional. Pativilca es de 1992, pero si lo trata como simple, el plazo de instrucción sería doce meses. Quien sostuvo eso fue Mario Amoretti.

¿Por qué el plazo no puede ser contado desde junio del 2012 cuando se apertura la investigación de los crímenes en Pativilca?
El problema es que en junio de ese año, Fujimori ya estaba extraditado y el proceso se declaró en suspenso hasta que la Corte Suprema (de Chile) autorice la investigación.

¿En qué se basa al usar de argumento del caso de Alfredo Jaililie?
Es un precedente donde la justicia dijo que no iba aplicar la gracia porque él ya estaba en juicio y no instrucción, y dijo además que, esta medida solo podía darse antes de comenzar las audiencias del juicio y aparte, porque él no estaba detenido. Jaililie presentó un Habeas Corpus y el Tribunal Constitucional dijo que no interesa en qué estado del procedimiento esté la persona que recibe la gracia presidencial y tampoco si está detenido o libre.

¿Considera que el Presidente fue mal asesorado para tomar esa decisión?
Una medida tomada sin consulta y debate produce errores como este. Creo que es producto del apresuramiento. Hubo mal cálculo de consecuencia.

¿La gracia impide que más adelante no le abran más procesos?
Eso es lo otro que no se ha discutido. Hay dos pedidos de ampliación de la extradición del Ministerio de Justicia por el caso de las FARC y Castro Castro. Debieron pensar en otras opciones más abiertas.

¿Ahí también se puede aplicar la “autoría mediata”?
O donde Fujimori puede ganar una absolución. Recordemos que cuando se amplió la extradición para el caso de los 'Diarios Chicha', terminó absuelto.

El juez César San Martín dijo que la jurisdicción peruana no califica los delitos de Fujimori como de lesa humanidad.
Lo que San Martín ha planteado es que “lesa humanidad” tiene varios significados. De un lado, son crímenes los que según el Estatuto de Roma son entregados al Tribunal Penal Internacional.

¿Es posible que la Corte Interamericana de Derechos Humanos revierta el indulto?
La Corte no es un tribunal de instancia y eso no funciona con una apelación. Lo que van a revisar es si la decisión presidencial corresponde a los deberes del Estado en el marco de la Convención Americana: respetar, promover y sancionar los casos en los que se viola derechos humanos. Se va juzgar el significado de la medida. La Corte se va preguntar, ¿qué representa esta decisión en la comunidad peruana? ¿Representa el resultado de un debate abierto donde participaron todos los actores interesados? ¿O representa un acto apresurado tomado con razones de juego político?

Dentro de esas recomendaciones, ¿puede incluir que Alberto Fujimori no salga del país para que el proceso se respete?
No creo, dentro del lenguaje de la Corte lo que probablemente va decir es que las autoridades están obligadas a adoptar las disposiciones que correspondan a sus leyes internas para asegurar que la comparecencia de Alberto Fujimori en los casos que tenga pendientes o su presencia durante los debates que tengan que abrirse respecto a su situación.

Publicado en la revista Caretas, 12 de enero de 2018



Entrevista en Canal N con Mávila Huertas, 8 de enero de 2018



El indulto otorgado por Kuczynski no exime a Fujimori de los cargos por la matanza de Pativilca

La matanza de Pativilca donde murieron seis agricultores en la década del noventa ensombrece el futuro próximo del indultado expresidente Alberto Fujimori Fujimori porque no se cumplieron los plazos judiciales para que sea perdonado.

A pesar de haber sido dado de alta hospitalaria, el pasado miércoles 27, Fujimori (1990-2000) sigue internado en la clínica “Centenario”, a donde llegó de emergencia.

En comunicación con ABC, el Instituto Nacional Penitenciario señaló que Fujimori no tiene ninguna orden de arresto en su contra porque se le indultó en el caso Barrios Altos y La Cantuta, y se le dio el derecho de gracia, en la matanza de Pativilca.

Según informó a ABC el Fiscal, Cesar Landa, hay una audiencia pendiente en el Poder Judicial solicitada por la abogada de las víctimas del gobierno de Fujimori, Gloria Cano, donde se va a dirimir si se levanta o no las medidas cautelares contra Fujimori y para tal fin, se revisará el proceso de la matanza de Pativilca.

“Los indultos pueden ser revisados, si es que no cumplen los estándares y las convenciones americanas. La gracia presidencial no es un acto arbitrario, no es una decisión del presidente porque es presidente como si fuera un monarca. Ahora somos una república, todos sus actos deben ser refrendados en base a mandatos legales y constitucionales”, explicó el Fiscal Cesar Landa.

“Habiendo una requisitoria en el caso Pativilca, se revisará la validez del indulto en una audiencia del Colegiado B de la Sala Penal Nacional del Poder Judicial. Se va a dilucidar si el indulto es valido o invalido”, añadió, al tiempo que dijo que “se debe revisar si el caso era extremo en términos de salud junto al derecho de justicia de las víctimas de la matanza de Pativilca.

La abogada de la víctimas, Gloria Cano, dijo al ABC que ha solicitado al Poder Judicial que se sustente porque el mandatario cierra el proceso de la matanza de Pativilca, y allí se determinará paso por paso, si se eligió con imparcialidad a los médicos y si se respetaron los procesos del caso Pativilca.

“El Tribunal peruano no va a poder archivar el caso Pativilca y a nadie se le ocurrió que antes de pedir que se archive, se anulen el mandato de detención, Fujimori no podrá salir de la clínica, porque diseñaron mal el caso de Pativilca”, relato al ABC, el ex Procurador y abogado penalista, Cesar Azabache.

“En el caso Pativilca, la autorización de la Corte Suprema de Chile para procesar a Alberto Fujimori se emitió en febrero de 2017, entonces se debería esperar por 24 meses como dice el artículo 202.4 del Código de Procedimientos Penales de 1940; este proceso no se cumplió. ¿Cómo se llama el cuento?: el indultado (Fujimori) no puede salir de la clínica”, concluyó Azabache.

ABC intentó sin éxito que el Ministerio de Justicia confirme haber entregado el expediente en el que se sustenta la exculpación contra Alberto Fujimori Fujimori donde se otorgó el indulto en el caso de las matanzas Barrios Altos y La Cantuta, y el derecho de gracia en la matanza de Pativilca.

El grupo “Colina” formado por militares dirigidos por el mayor Santiago Martín Rivas quienes durante el gobierno de Fujimori cometieron asesinatos extrajudiciales, fueron primero condecorados por sus servicios al país, luego procesados y por último amnistiados por el ex gobernante.

En Barrios Altos, el grupo Colina asesinó a 16 personas, entre ellas a un niño de 8 años; en La Cantuta asesinó a 9 estudiantes y un profesor mientras que en Pativilca (ubicada al norte del país) se asesinó torturaron y quemaron a seis agricultores. El grupo Colina justificada su conducta señalando que las víctimas eran miembros del grupo terrorista “Sendero Luminoso”, de corte maoísta y que fue dirigido por Abimael Guzmán desde 1980, año en que declaró la guerra al Estado peruano.

Por Pao Ugaz, publicado el 30 de diciembre de 2017 en Abc.es


La audiencia pendiente

Fujimori acaba de salir en libertad. No hay duda que el Juez peruano a cargo de la ejecución de la condena por los casos Barrios Altos y Cantuta no tenía nada que hacer sobre el indulto humanitario que se le otorgó hace solo unos días. Las correcciones que haya que introducir al procedimiento provendrán de la Corte Interamericana de DDHH, no de la justicia local.

Lo que debe explicarse ahora entonces es cómo se relaciona su liberación con el caso Pativilca, al que no alcanza el indulto.

La respuesta es sencilla. Contra la información que circuló en estos días resulta que en el caso Pativilca no se formalizó nunca una orden de prisión preventiva en contra de Alberto Fujimori. Si la orden hubiera existido, lo hemos comentado antes, habrían bastado exhibir los documentos médicos que tiene (sean o no suficientes para indultarlo) para mostrar que no puede fugar y anular cualquier restricción. Pero esto no ha sido necesario.
En todo caso lo que debe resolverse ahora es si la Sala que tiene el caso Pativilca llamará a audiencia o no. Hay una acusación ahí y una cuestión difícil, la del plazo necesario para aplicar la gracia.

Tampoco está claro si la Fiscalía pedirá alguna restricción en contra de Fujimori. Sin embargo como hemos anticipado, la imposibilidad de que fugue podría hacer suficiente una orden que le impida salir del país hasta que el caso concluya.

Cuando la Sala decida si llamará a audiencia deberá decidir además si Fujimori debe concurrir a ella o no. Es posible que este asunto se discuta sin que sea necesaria su presencia.

Pero el debate final sobre la gracia aún debe llevarse a cabo. Su liberación no constituye un obstáculo en absoluto.

Publicado en Facebook y Twitter el 5 de enero de 2018


Entrevista en RPP con Aldo Mariátegui y Fernando Carvallo, 29 de diciembre de 2017


Entrevista en Canal N con Karina Borrero, 26 de diciembre de 2017



Entrevista en RPP con Mónica Delta, 26 de diciembre de 2017




Entrevista en América Noticias con Federico Salazar y Verónica Linares, 26 de diciembre de 2017





Alberto Fujimori: César Azabache advierte problemas legales en derecho de gracia

Al referirse al  caso Pativilca, abogado señala que la Constitución establece que se puede cortar los procesos en trámite siempre que éstos hayan acumulado un retardo de 24 meses como mínimo.

La noche del 24 de diciembre,  Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión hasta el 10 de febrero de 2032, no solo fue indultado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski, sino que también recibió el derecho de gracia, que lo libra de todo proceso pendiente.


Sin embargo, el abogado  César Azabache advirtió hoy martes problemas legales respecto a la aplicación del derecho de gracia específicamente por el caso Pativilca, por el cual Fujimori tiene un proceso judicial abierto con mandato de detención.

El 29 de enero de 1992 el denominado grupo Colina asesinó a seis pobladores de la localidad de Pativilca. Por este caso, el 6 de junio pasado, la Corte Suprema de Chile confirmó la ampliación de la extradición de Fujimori por los presuntos delitos de homicidio calificado y asociación ilícita. 

Según informó la justicia chilena en aquel momento, los magistrados compartieron,  "el criterio del ministro de primera instancia respecto de los delitos de homicidio y asociación ilícita por tratarse delitos de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles desde el punto de vista de la persecución penal".

Además, en julio pasado, la Tercera Fiscalía Superior Penal Nacional incluyó al ex mandatario entre los responsables de ese crimen y lo acusó de autoría mediata.

"En el  caso Pativilca, Fujimori tiene mandato de detención que impediría ejecutar el indulto humanitario (...). Es un error innecesario para un caso tan sensible", aseveró Azabache.

En Canal N, declaró, además, que la Constitución establece que se puede cortar los procesos en trámite siempre que éstos hayan acumulado un retardo de 24 meses como mínimo. 


"El caso Pativilca comenzó hace 10 meses, en febrero, porque Fujimori estaba sujeto a reglas de la extradición y eso le dio inmunidad para ese caso", explicó.

Azabache manifestó que en los casos de gracias presidenciales, el tribunal tiene que recibir un pedido basado en la decisión del presidente de la República para abrir una audiencia y discutir si la medida esta bien basada o no. "No es automático", añadió. 

En ese contexto, añadió que en la gracia presidencial, que implica interferencia sobre un procedimiento judicial en marcha, el presidente de la República "tiene atribuciones menos intensas que frente a indulto humanitario".

Publicado en Perú 21 el martes 26 de diciembre de 2017





LO QUE SE VIENE LUEGO DE SUPERADA LA MÁS RECIENTE CRISIS POLÍTICA


Perdiendo todo sentido de equilibrio

El debate sobre la incapacidad moral del presidente Kuczynski se desarrolló y cerró en medio de enormes fisuras institucionales que no compensamos ni resolvimos en absoluto. La vacancia por incapacidad moral existe ente nosotros desde 1839. Pero jamás se había discutido el significado de la regla de manera concluyente. Las antiguas referencias al derecho civil clásico citadas en estos días, que identificaban incapacidad moral con la locura, resultan a estas alturas claramente desfasadas. Se ha citado entre nosotros el caso Billinghurst, en 1914, pero Billinghurst renunció por escrito, de modo que su historia no nos dice nada sobre este asunto. En el caso Fujimori, en el 2000, las referencias a la incapacidad moral como causa de vacancia se mezclaron con el rechazo a su renuncia y las consecuencias de su escape al Japón, dos causales de vacancia concurrentes por sí mismas que hicieron invisibles las cuestiones morales asociadas al evento.

Casi dos siglos después de la introducción de la regla, abordamos esta discusión sin tener un cuerpo de criterios y antecedentes sólidamente establecido que haya podido dar forma a la discusión y permitido diferenciar cuándo aplicar esta regla, cuándo no, cuándo es justo y proporcional tomar una decisión irreversible como la vacancia o cuándo es necesario y posible optar por soluciones intermedias, acaso como la suspensión del presidente.

Vaciado de contenido moral el debate del jueves pasado fue institucionalmente inútil.

Y ni siquiera tenemos ya un Senado que hubiera podido poner una pausa de reflexión en la discusión. El procedimiento definido por el Reglamento del Congreso fue diseñado teniendo en mente casos flagrantes como la incapacidad física, el abandono del país o la renuncia, no casos como este, en el que las discusiones se han cerrado sin completar historias que hasta hoy han sido contadas solo parcialmente y de manera bastante superficial. 

Hemos dejado que prevalezca el apuro. Hemos optado por no compensar ninguno de los defectos que exhiben nuestros procedimientos y nuestras prácticas. Hemos cerrado este episodio impregnado por el peso de incógnitas muy serias sin resolver sobre la historia de las asesorías financieras que, nos guste o no, vinculan de una u otra manera al presidente Kuczynski con Odebrecht. El trasfondo de los pagos recibidos en Westfield Capital, su consultora personal, permanece en la penumbra. 

Pero además durante el debate que concluyó al final de la noche del jueves, los bandos en contienda decidieron proceder tratando la cuestión sobre la vacancia como un vulgar asunto librado al juego de las preferencias subjetivas y de la conquista o conservación de votos de unos y de otros, votos que en las últimas horas del debate fueron arranchados y repuestos sin referencia a los costos que se adquieren con cada compromiso asumido. Un bando derrotó al otro luego de una sofisticada exhibición de esgrima de pasillos, que incluyó la filtración y también la negación de documentos auténticos relacionados con la liberación de Alberto Fujimori, el nuevo jefe de una naciente “bancada de los 10”, mientras su liberación, ya es evidente, venía decidida de antemano.

Alberto Fujimori acaba de ser indultado sin más debate, sin más consideraciones a opciones como la reducción de su condena o su pase a una clínica o a su propio domicilio. Toda opción distinta al indulto habría costado muchísimo menos que lo que costará lo que se acaba de hacer. La nueva “bancada de los 10” decidió el destino final de la vacancia. Y a cambio, ha cobrado el precio de su rescate. Pero por desgracia las consecuencias colaterales de esa transacción serán pagadas por nuestro ya lesionado equilibrio institucional. 

Hemos terminado vaciando de todo contenido moral los dos principales debates que debían marcar el final de este año. 

Esta historia merecía un final más digno. En la combinación entre la no vacancia y el indulto se arriesgan cuestiones decisivas relacionadas con el enorme saldo de la reconciliación pendiente que arrastramos como un pasivo desde la transición. Se arriesgan además la manera de abordar nuestros principales problemas de ética pública. Como están las cosas, el final de esta historia representa apenas una solución pragmática vaciada de todo fundamento.

La excarcelación de Alberto Fujimori requería un debate abierto y un esfuerzo honesto a favor de la reconciliación. La no vacancia también. Acabamos de perder la oportunidad de compensar el enorme déficit de moralidad que tuvo la jornada del jueves. Los debates imaginables sobre el verdadero sentido del Caso Westfield Capital y las opciones para poner punto final al Caso Fujimori van a ceder ante la brutal exhibición de falta de respeto hacia todos que el entorno del presidente acaba de exhibir.

Pudimos llevar esta situación inestable al mejor puerto posible. Con este innecesario apresuramiento perdimos absolutamente el sentido del todo el equilibrio necesario para estabilizar el final de este proceso.

Publicado en El Comercio el lunes 25 de diciembre de 2017



Peru's President Hangs On to Power, but at What Cost?

President Pedro Pablo Kuczynski avoided being removed from office on Thursday after a Congressional motion to impeach him narrowly failed.

But even as the drama in Peru’s Congress halted the upheaval of ousting the country’s leader, it also revealed the president’s tenuous hold on power. And it showed the strength of far-right politics in Peru, a country that returned to democracy only 17 years ago.

Mr. Kuczynski pleaded his case before lawmakers who had introduced a motion to remove him from office this week. With a Congress dominated by the opposition Popular Force, a right-wing party whose leader ran against Mr. Kuczynski in the last election, many had expected the vote to result in his removal.

But a faction of the right-wing party, which was founded by the daughter of the country’s jailed former authoritarian leader Alberto Fujimori, surprisingly swung the late-night vote in favor of Mr. Kuczynski.

Some constitutional experts said the crisis was driven by congressional overreach. Because of Peru’s authoritarian past, its system of government gives Congress significant powers to shape the executive branch and other government institutions. But no one had tried to use those powers to this extent until now.

Cesar Landa, law professor at the Pontifical Catholic University of Peru and a former president and magistrate of the country’s Constitutional court, said the Popular Force party had “attempted an untraditional coup d’état.”

This year, the Popular Force party — whose political philosophy is often referred to as Fujimorismo — forced Mr. Kuczynski to fire his entire cabinet by refusing to endorse his nominees. At the time, his supporters had advised the president to use a little-known constitutional measure to force new legislative elections. Mr. Kuczynski didn’t go that route, but this week he said he regretted not doing it.

“A mistake that I now see clearly was to expect anything else from our rivals,” Mr. Kuczynski said. “I opted for dialogue and not confrontation.”

Then, other opponents — this time from the left — said he lied during a congressional inquiry by stating he had no professional ties to Brazilian construction giant Odebrecht, a company at the center of a complex graft scandal. It was later revealed that a financial services company he owned had received $782,000 from Odebrecht.

That led to the motion of impeachment.

The motion, on the grounds of “permanent moral incapability,” has been tested only once before — with Mr. Fujimori himself — but only after he had fled Peru for Japan and resigned from the presidency.

Mr. Fujimori, a hard-right authoritarian leader, was in power from 1990 to 2000 before being convicted on corruption and human rights abuses and sentenced to 25 years in prison. He has served 12 years, but he says that his health is deteriorating and that he should be pardoned.

Even from prison, though, he is still influencing politics, and his supporters, so-called Fujimoristas, have continued to dominate the legislature. Hector Becerril, a Popular Force member who voted for impeachment, said Mr. Fujimori urged members of his party, by phone, to cast votes of abstention and not vote in favor of the president’s removal.

During Thursday’s vote, details of Mr. Fujimori’s petition for a presidential pardon and release were also leaked to local news outlets. Some legislators speculated that Mr. Kuczynski made a deal with the Popular Force to pardon Mr. Fujimori in exchange for keeping him in office, a claim that the president’s party has denied.

Cesar Azabache, a lawyer and former state prosecutor, said that if Mr. Kuczynski pardoned Mr. Fujimori it would be a “moral failure.”

“If the discussion has been resolved by this exchange, it weakens the system in an extreme way,” Mr. Azabache said.

But even as the Popular Force wields immense power, the party appears fractured.

At its helm is Keiko Fujimori, Mr. Fujimori’s daughter, who is not a member of Congress, but who ran for the presidency in the last election and was ultimately defeated by Mr. Kuczynski by a few thousand votes. Her brother, Kenji Fujimori, was among the 10 Popular Force party members who cast votes of abstention, ultimately swaying the vote in favor of Mr. Kuczynski’s remaining in office.

During the latter half of the hourslong debate, the younger Mr. Fujimori was seen pacing the halls while texting and making calls. Established party members approached and appeared to scold him, underlining the tensions within the party.

On Friday, Mr. Fujimori said he voted against the president’s removal to “avoid a period of turbulence.” He added, “I do not hide my legitimate expectation, as a son, to see my father recover his freedom one day, but my decision has been made thinking of what is best for my country.”

Mr. Becerril, the Popular Force lawmaker who voted for impeachment, said he saw no problem with elder Mr. Fujimori asking for a pardon but not if it left Mr. Kuczynski in office.

“What is wrong is that the pardon be exchanged so that a president remains unquestioned for corruption,” Mr. Becerril said.

Other members of the party who voted for Mr. Kuczynski’s removal denounced those who abstained.
“I have voted against corruption,” Miguel Torres said, adding that disciplinary action was being considered for Popular Force members who didn’t vote for impeachment.

The party that had initially introduced the motion to impeach Mr. Kuczynski last week, the left-wing Broad Front, said that splitting the Popular Force was the objective when the party took the action.
Marco Arana, leader of the Broad Front, said the vote was also intended to send a message.
“Tell the president that he cannot lead the country kneeling before Fujimori,” Mr. Arana said Thursday.

After the hearing, Mr. Kuczynski tweeted a victorious rallying cry to the country: “Peruvians. Tomorrow a new chapter starts in our history: our country’s reconciliation and reconstruction.”

Despite his victory, the president and his associates have remained silent about how they plan to steer the government going forward, and haven’t addressed the questions about a potential quid pro quo for releasing Alberto Fujimori from prison.

Publicado en The New York Times el viernes 22 de diciembre de 2017

viernes, 5 de enero de 2018

Caso Pativilca: Sala debe decidir si rechaza gracia a Fujimori


Caso Pativilca: Sala debe decidir si rechaza gracia a Fujimori


Los tres jueces que integran el Colegiado B de la Sala Penal Nacional están por tomar una decisión que, cualquiera fuera el resultado, desatará polémica. Por un lado, definir si aplican el reciente derecho de gracia concedido al ex presidente Alberto Fujimori y, por tanto, lo sustraen del juicio del Caso Pativilca, o, por el contrario, rechazar ese beneficio y ordenar su procesamiento.
Y hay un componente adicional: la fiscalía, además de pedir 25 años de cárcel para el ex presidente, solicitó que enfrente el juicio detenido. Por tanto, el Colegiado B no solo determinará si Alberto Fujimori será juzgado nuevamente por crímenes cometidos por el grupo Colina en la década de los 90. También si volverá a prisión.
Fuentes de la fiscalía dijeron a El Comercio que para fines de mes se tiene prevista la audiencia de control de acusación. El colegiado, dijeron las fuentes, tendría que pronunciarse ese día sobre el derecho de gracia otorgado.
El Colegiado B está integrado por los jueces Miluska Cano (presidenta), Omar Pimentel y Otto Verapinto.
—Origen del debate—
La discusión sobre un probable juzgamiento al ex mandatario se dio al día siguiente de que se conociera que el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) le dio, además del indulto, el derecho de gracia por razones humanitarias. Esta medida ordena que se terminen los procesos judiciales que el beneficiado tiene pendientes.
Pero el derecho de gracia, de acuerdo al numeral 23 del artículo 118 de la Constitución, tiene una condición. Esta se da cuando la etapa de instrucción haya excedido el doble de su plazo más su ampliación. Es decir, 24 meses.
El penalista César Azabache fue uno de los primeros en advertir que la gracia dada por Kuczynski es inaplicable en el Caso Pativilca. Según su posición, en este caso no se cumple con el citado plazo.
La Corte Suprema de Chile amplió la extradición de Fujimori, en junio del año pasado, para que sea juzgado en el Perú por el asesinato de seis pobladores en Pativilca, ocurrido en enero de 1992. En julio último, el fiscal Luis Landa presentó su acusación por autoría mediata contra el ex presidente.
Azabache sostiene que el plazo se debe contabilizar desde la decisión que se tomó en Chile, debido a que antes Alberto Fujimori contaba con las inmunidades propias de la extradición que impedían que fuera procesado por casos como el de Pativilca.
El ex procurador Yván Montoya coincide con Azabache. “El plazo de instrucción comenzó en junio. Así que no llega a los 24 meses que se exigen”, declaró.
Por esa razón, Montoya considera que el Colegiado B aprobará que Fujimori sea procesado. Además, remarca que existe el antecedente del ex viceministro fujimorista Alfredo Jalilie [ver nota aparte], en el que no se aplicó la gracia presidencial.
Wiliam Paco Castillo, abogado del ex mandatario en el Caso Pativilca, tiene una opinión contraria. Él señala que el plazo se debe contar desde que se ventiló el proceso en el 2012. Por ello, la gracia presidencial procede. Además, anuncia que, si la sala decide procesar a su patrocinado, recurrirá a la Corte Suprema y, de ser el caso, al Tribunal Constitucional.
—Pedido de prisión—
Gloria Cano, abogada de las víctimas, dijo a El Comercio que a fines de diciembre presentó un pedido de control de constitucionalidad a la sala para que definan si la gracia presidencial alcanza a Fujimori en el Caso Pativilca.
“La medida no calza con lo estipulado en la Constitución y se aparta de las obligaciones internacionales del Estado Peruano en materia de DD.HH.”, afirmó Cano.
La abogada adelanta que pedirá al colegiado, cuando convoquen a audiencia, que ordene la detención de Fujimori. “Ellos pueden decidir que lleve el juicio en comparecencia, pero para nosotros eso no debería pasar. No olvidemos que huyó del país y tuvo que ser traído vía extradición de Chile”, remarcó.
El penalista Luis Lamas Puccio es de la opinión que Fujimori será procesado, y de suceder ello, sería condenado, pero que es poco probable que la sala ordene ahora su detención. Esto, dice, colisionaría con el indulto humanitario que se encuentra vigente.
“La sala lo que debe hacer es iniciar el juicio y notificar al ex presidente Fujimori para que esté presente. Si se resiste a ir, recién se puede plantear un apercibimiento con detención”, dijo Lamas.
El abogado Carlos Caro, en tanto, remarca que mientras el indulto se aplica para los casos en que Fujimori fue condenado, la gracia presidencial es para los casos que están en trámite.
“Si la sala rechaza la gracia presidencial y se procesa a Fujimori, eventualmente puede ser condenado y volver a prisión”, dijo Caro.
—Antecedente—
En junio del 2006, la Cuarta Sala Penal Anticorrupción rechazó de forma unánime aplicar el derecho de gracia que el entonces presidente Alejandro Toledo le otorgó al ex viceministro fujimorista Alfredo Jalilie por razones humanitarias. Ello, al considerar que no cumplía con los requisitos de la independencia de los poderes del Estado y el derecho de conocer la verdad sobre los hechos de corrupción que le estaban imputando.

Por Rodrigo Cruz para El Comercio, publicado el 5 de enero de 2018.

martes, 26 de diciembre de 2017

Perdiendo todo sentido de equilibrio


LO QUE SE VIENE LUEGO DE SUPERADA LA MÁS RECIENTE CRISIS POLÍTICA


Perdiendo todo sentido de equilibrio

El debate sobre la incapacidad moral del presidente Kuczynski se desarrolló y cerró en medio de enormes fisuras institucionales que no compensamos ni resolvimos en absoluto. La vacancia por incapacidad moral existe ente nosotros desde 1839. Pero jamás se había discutido el significado de la regla de manera concluyente. Las antiguas referencias al derecho civil clásico citadas en estos días, que identificaban incapacidad moral con la locura, resultan a estas alturas claramente desfasadas. Se ha citado entre nosotros el caso Billinghurst, en 1914, pero Billinghurst renunció por escrito, de modo que su historia no nos dice nada sobre este asunto. En el caso Fujimori, en el 2000, las referencias a la incapacidad moral como causa de vacancia se mezclaron con el rechazo a su renuncia y las consecuencias de su escape al Japón, dos causales de vacancia concurrentes por sí mismas que hicieron invisibles las cuestiones morales asociadas al evento.

Casi dos siglos después de la introducción de la regla, abordamos esta discusión sin tener un cuerpo de criterios y antecedentes sólidamente establecido que haya podido dar forma a la discusión y permitido diferenciar cuándo aplicar esta regla, cuándo no, cuándo es justo y proporcional tomar una decisión irreversible como la vacancia o cuándo es necesario y posible optar por soluciones intermedias, acaso como la suspensión del presidente.

Vaciado de contenido moral el debate del jueves pasado fue institucionalmente inútil.

Y ni siquiera tenemos ya un Senado que hubiera podido poner una pausa de reflexión en la discusión. El procedimiento definido por el Reglamento del Congreso fue diseñado teniendo en mente casos flagrantes como la incapacidad física, el abandono del país o la renuncia, no casos como este, en el que las discusiones se han cerrado sin completar historias que hasta hoy han sido contadas solo parcialmente y de manera bastante superficial. 

Hemos dejado que prevalezca el apuro. Hemos optado por no compensar ninguno de los defectos que exhiben nuestros procedimientos y nuestras prácticas. Hemos cerrado este episodio impregnado por el peso de incógnitas muy serias sin resolver sobre la historia de las asesorías financieras que, nos guste o no, vinculan de una u otra manera al presidente Kuczynski con Odebrecht. El trasfondo de los pagos recibidos en Westfield Capital, su consultora personal, permanece en la penumbra. 

Pero además durante el debate que concluyó al final de la noche del jueves, los bandos en contienda decidieron proceder tratando la cuestión sobre la vacancia como un vulgar asunto librado al juego de las preferencias subjetivas y de la conquista o conservación de votos de unos y de otros, votos que en las últimas horas del debate fueron arranchados y repuestos sin referencia a los costos que se adquieren con cada compromiso asumido. Un bando derrotó al otro luego de una sofisticada exhibición de esgrima de pasillos, que incluyó la filtración y también la negación de documentos auténticos relacionados con la liberación de Alberto Fujimori, el nuevo jefe de una naciente “bancada de los 10”, mientras su liberación, ya es evidente, venía decidida de antemano.

Alberto Fujimori acaba de ser indultado sin más debate, sin más consideraciones a opciones como la reducción de su condena o su pase a una clínica o a su propio domicilio. Toda opción distinta al indulto habría costado muchísimo menos que lo que costará lo que se acaba de hacer. La nueva “bancada de los 10” decidió el destino final de la vacancia. Y a cambio, ha cobrado el precio de su rescate. Pero por desgracia las consecuencias colaterales de esa transacción serán pagadas por nuestro ya lesionado equilibrio institucional. 

Hemos terminado vaciando de todo contenido moral los dos principales debates que debían marcar el final de este año. 

Esta historia merecía un final más digno. En la combinación entre la no vacancia y el indulto se arriesgan cuestiones decisivas relacionadas con el enorme saldo de la reconciliación pendiente que arrastramos como un pasivo desde la transición. Se arriesgan además la manera de abordar nuestros principales problemas de ética pública. Como están las cosas, el final de esta historia representa apenas una solución pragmática vaciada de todo fundamento.

La excarcelación de Alberto Fujimori requería un debate abierto y un esfuerzo honesto a favor de la reconciliación. La no vacancia también. Acabamos de perder la oportunidad de compensar el enorme déficit de moralidad que tuvo la jornada del jueves. Los debates imaginables sobre el verdadero sentido del Caso Westfield Capital y las opciones para poner punto final al Caso Fujimori van a ceder ante la brutal exhibición de falta de respeto hacia todos que el entorno del presidente acaba de exhibir.

Pudimos llevar esta situación inestable al mejor puerto posible. Con este innecesario apresuramiento perdimos absolutamente el sentido del todo el equilibrio necesario para estabilizar el final de este proceso.

Publicado en El Comercio el lunes 25 de diciembre de 2017


Entrevista en América Noticias con Federico Salazar y Verónica Linares, 26 de diciembre de 2017


Entrevista en Canal N con Karina Borrero, 26 de diciembre de 2017


Entrevista en RPP con Mónica Delta, 26 de diciembre de 2017




Alberto Fujimori: César Azabache advierte problemas legales en derecho de gracia

Al referirse al  caso Pativilca, abogado señala que la Constitución establece que se puede cortar los procesos en trámite siempre que éstos hayan acumulado un retardo de 24 meses como mínimo.

La noche del 24 de diciembre,  Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión hasta el 10 de febrero de 2032, no solo fue indultado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski, sino que también recibió el derecho de gracia, que lo libra de todo proceso pendiente.


Sin embargo, el abogado  César Azabache advirtió hoy martes problemas legales respecto a la aplicación del derecho de gracia específicamente por el caso Pativilca, por el cual Fujimori tiene un proceso judicial abierto con mandato de detención.

El 29 de enero de 1992 el denominado grupo Colina asesinó a seis pobladores de la localidad de Pativilca. Por este caso, el 6 de junio pasado, la Corte Suprema de Chile confirmó la ampliación de la extradición de Fujimori por los presuntos delitos de homicidio calificado y asociación ilícita. 

Según informó la justicia chilena en aquel momento, los magistrados compartieron,  "el criterio del ministro de primera instancia respecto de los delitos de homicidio y asociación ilícita por tratarse delitos de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles desde el punto de vista de la persecución penal".

Además, en julio pasado, la Tercera Fiscalía Superior Penal Nacional incluyó al ex mandatario entre los responsables de ese crimen y lo acusó de autoría mediata.

"En el  caso Pativilca, Fujimori tiene mandato de detención que impediría ejecutar el indulto humanitario (...). Es un error innecesario para un caso tan sensible", aseveró Azabache.

En Canal N, declaró, además, que la Constitución establece que se puede cortar los procesos en trámite siempre que éstos hayan acumulado un retardo de 24 meses como mínimo. 


"El caso Pativilca comenzó hace 10 meses, en febrero, porque Fujimori estaba sujeto a reglas de la extradición y eso le dio inmunidad para ese caso", explicó.

Azabache manifestó que en los casos de gracias presidenciales, el tribunal tiene que recibir un pedido basado en la decisión del presidente de la República para abrir una audiencia y discutir si la medida esta bien basada o no. "No es automático", añadió. 

En ese contexto, añadió que en la gracia presidencial, que implica interferencia sobre un procedimiento judicial en marcha, el presidente de la República "tiene atribuciones menos intensas que frente a indulto humanitario".

Publicado en Perú 21 el martes 26 de diciembre de 2017




Peru's President Hangs On to Power, but at What Cost?


President Pedro Pablo Kuczynski avoided being removed from office on Thursday after a Congressional motion to impeach him narrowly failed.

But even as the drama in Peru’s Congress halted the upheaval of ousting the country’s leader, it also revealed the president’s tenuous hold on power. And it showed the strength of far-right politics in Peru, a country that returned to democracy only 17 years ago.

Mr. Kuczynski pleaded his case before lawmakers who had introduced a motion to remove him from office this week. With a Congress dominated by the opposition Popular Force, a right-wing party whose leader ran against Mr. Kuczynski in the last election, many had expected the vote to result in his removal.

But a faction of the right-wing party, which was founded by the daughter of the country’s jailed former authoritarian leader Alberto Fujimori, surprisingly swung the late-night vote in favor of Mr. Kuczynski.

Some constitutional experts said the crisis was driven by congressional overreach. Because of Peru’s authoritarian past, its system of government gives Congress significant powers to shape the executive branch and other government institutions. But no one had tried to use those powers to this extent until now.

Cesar Landa, law professor at the Pontifical Catholic University of Peru and a former president and magistrate of the country’s Constitutional court, said the Popular Force party had “attempted an untraditional coup d’état.”

This year, the Popular Force party — whose political philosophy is often referred to as Fujimorismo — forced Mr. Kuczynski to fire his entire cabinet by refusing to endorse his nominees. At the time, his supporters had advised the president to use a little-known constitutional measure to force new legislative elections. Mr. Kuczynski didn’t go that route, but this week he said he regretted not doing it.

“A mistake that I now see clearly was to expect anything else from our rivals,” Mr. Kuczynski said. “I opted for dialogue and not confrontation.”

Then, other opponents — this time from the left — said he lied during a congressional inquiry by stating he had no professional ties to Brazilian construction giant Odebrecht, a company at the center of a complex graft scandal. It was later revealed that a financial services company he owned had received $782,000 from Odebrecht.

That led to the motion of impeachment.

The motion, on the grounds of “permanent moral incapability,” has been tested only once before — with Mr. Fujimori himself — but only after he had fled Peru for Japan and resigned from the presidency.

Mr. Fujimori, a hard-right authoritarian leader, was in power from 1990 to 2000 before being convicted on corruption and human rights abuses and sentenced to 25 years in prison. He has served 12 years, but he says that his health is deteriorating and that he should be pardoned.

Even from prison, though, he is still influencing politics, and his supporters, so-called Fujimoristas, have continued to dominate the legislature. Hector Becerril, a Popular Force member who voted for impeachment, said Mr. Fujimori urged members of his party, by phone, to cast votes of abstention and not vote in favor of the president’s removal.

During Thursday’s vote, details of Mr. Fujimori’s petition for a presidential pardon and release were also leaked to local news outlets. Some legislators speculated that Mr. Kuczynski made a deal with the Popular Force to pardon Mr. Fujimori in exchange for keeping him in office, a claim that the president’s party has denied.

Cesar Azabache, a lawyer and former state prosecutor, said that if Mr. Kuczynski pardoned Mr. Fujimori it would be a “moral failure.”

“If the discussion has been resolved by this exchange, it weakens the system in an extreme way,” Mr. Azabache said.

But even as the Popular Force wields immense power, the party appears fractured.

At its helm is Keiko Fujimori, Mr. Fujimori’s daughter, who is not a member of Congress, but who ran for the presidency in the last election and was ultimately defeated by Mr. Kuczynski by a few thousand votes. Her brother, Kenji Fujimori, was among the 10 Popular Force party members who cast votes of abstention, ultimately swaying the vote in favor of Mr. Kuczynski’s remaining in office.

During the latter half of the hourslong debate, the younger Mr. Fujimori was seen pacing the halls while texting and making calls. Established party members approached and appeared to scold him, underlining the tensions within the party.

On Friday, Mr. Fujimori said he voted against the president’s removal to “avoid a period of turbulence.” He added, “I do not hide my legitimate expectation, as a son, to see my father recover his freedom one day, but my decision has been made thinking of what is best for my country.”

Mr. Becerril, the Popular Force lawmaker who voted for impeachment, said he saw no problem with elder Mr. Fujimori asking for a pardon but not if it left Mr. Kuczynski in office.

“What is wrong is that the pardon be exchanged so that a president remains unquestioned for corruption,” Mr. Becerril said.

Other members of the party who voted for Mr. Kuczynski’s removal denounced those who abstained.
“I have voted against corruption,” Miguel Torres said, adding that disciplinary action was being considered for Popular Force members who didn’t vote for impeachment.

The party that had initially introduced the motion to impeach Mr. Kuczynski last week, the left-wing Broad Front, said that splitting the Popular Force was the objective when the party took the action.
Marco Arana, leader of the Broad Front, said the vote was also intended to send a message.
“Tell the president that he cannot lead the country kneeling before Fujimori,” Mr. Arana said Thursday.

After the hearing, Mr. Kuczynski tweeted a victorious rallying cry to the country: “Peruvians. Tomorrow a new chapter starts in our history: our country’s reconciliation and reconstruction.”

Despite his victory, the president and his associates have remained silent about how they plan to steer the government going forward, and haven’t addressed the questions about a potential quid pro quo for releasing Alberto Fujimori from prison.

Publicado en The New York Times el viernes 22 de diciembre de 2017

lunes, 11 de diciembre de 2017

Entrevista en El Comercio por Jaime de Althaus


En esta entrevista, César Azabache, experto en Derecho Penal, analiza el allanamiento a los locales de Fuerza Popular, la citación a Nancy Lange por parte de la Comisión Lava Jato y la prisión preventiva para los representantes de las empresas que se consorciaron con Odebrecht.

—¿Cuál es su opinión acerca del allanamiento a los locales de Fuerza Popular? Hasta PPK lo rechazó...
El allanamiento es una medida dura, sin duda. Pero no es siempre concluyente. El fiscal Pérez parece haber encontrado que una notaría tenía más libros que los que Fuerza Popular le entregó, y parece haber encontrado registros de gastos que no corresponden a la información entregada a la ONPE. Entonces entrar a la oficina por sorpresa significa tener la oportunidad de mirar los registros físicos y digitales de la organización sin preparación previa de los abogados y establecer si estas diferencias corresponden a simples errores o al resultado de una depuración de papeles que deba ser explicada de otra forma. Hay sin duda una enorme preocupación colectiva sobre el posible uso descontrolado de medidas provisionales en estos casos. De hecho, si como todos esperamos, los archivos de Fuerza Popular no tienen muestras que indiquen manipulaciones, entonces los propios investigados no tendrían por qué estar preocupados por esta medida, por más ofensiva que, en los papeles, pueda parecer.

—Si es cierto que hay aportantes falsos, etc., lo que vemos es que sería lo mismo que ocurrió en el caso del Partido Nacionalista y seguramente de todos. Hay empresarios o empresas importantes que aportan y no quieren figurar, pero, salvo que esos aportes vengan de fuentes ilegales, ¿tiene sentido criminalizar todo esto?
Sí, es cierto. Pero nota que en los casos que comentas tenemos donantes que quieren mantenerse en el anonimato y son reemplazados por testaferros en las rendiciones de cuentas. Esos casos no llegan a ser delictivos porque nadie sale objetivamente perjudicado. Pero aquí estaríamos hablando de posibles entregas de dinero en cantidades exorbitantes, posiblemente en efectivo y en condiciones de clandestinidad. Se investiga si estos fondos fueron entregados para dejar que los candidatos o alguien en su entorno se enriquezca personalmente al extremo de “reclutarlo” como una especie de socio clandestino en caso gane las elecciones y contar con su favor en adelante. Probablemente esta crisis se traslade ahora a una discusión constitucional sobre la legitimidad del allanamiento o la falta de proporcionalidad de los instrumentos.

—Keiko Fujimori niega que haya recibido aportes de Odebrecht y pide que se publique la declaración de Marcelo Odebrecht para probarlo…
En efecto. También Nadine y Humala lo niegan, Toledo lo niega y Villarán lo niega. En el Caso Humala-Heredia hay notas muy claras en herramientas incautadas en Brasil, y por cierto, la agenda de la señora Heredia. En el caso de Toledo están las cuentas de Josef Maiman. En el Caso Villarán falta saber si las cuentas de Garreta pueden cumplir una función semejante a las cuentas de Josef Maiman. Y sin duda, donde las evidencias muestran menos consistencia es en el caso de Keiko Fujimori, donde hasta ahora solo habría declaraciones de delatores y unas notas muy borrosas sobre un “incremento de 500”, no sabemos si sobre lo ofrecido o sobre lo aceptado o sobre qué.

—La acusación a Keiko Fujimori y a Fuerza Popular como organización criminal, ¿es correcta o es un exceso?
Es un error. Nuestro Ministerio Público está entrampado en su imposibilidad institucional de presentar acusaciones oportunas. Entonces, la solución práctica que encontró ha sido extender las investigaciones por 36 meses, una regla que fue dada para criminalidad organizada, para casos en los que hay bandas estructuradas ocultas, clandestinas, difíciles de identificar, con prácticas de comercio internacional complejas, no para financiamiento de campañas políticas. La fiscalía se refugió en una regla como la de criminalidad organizada sin notar que eso tiene consecuencias institucionales, porque en política los nombres son importantes. Una pelea que se gatilla porque a alguien se le pone la etiqueta de criminalidad organizada, que sensibiliza a los acusados. En términos institucionales, los nombres importan y producen crisis.

—Hemos ingresado a una suerte de espiral persecutoria. La prisión preventiva se ha convertido casi en regla común, ¿no debería ser esta la excepción, sobre todo tomando en cuenta que se afecta un derecho fundamental que es el derecho a la libertad, y el derecho a la presunción de inocencia además? 
Creo que tienes razón. Los casos de Lava Jato tienen entre nosotros un retraso en las expectativas. Estamos ansiosos por conseguir resultados que no estamos teniendo, y entonces el sistema gira a una suerte de compensación práctica, no necesariamente correcta, ofreciéndonos detenciones anticipadas. Eso no es, necesariamente, justo ni correcto.

—Otra manera de decirlo es que los fiscales y jueces estarían cediendo a la presión política, a la presión mediática. 
Exacto. Antes, la prisión preventiva solo era aceptable cuando la fiscalía podía presentar un caso serio de fuga o de interferencia en las evidencias. En realidad, los casos Toledo, Humala-Heredia, y ahora las consorciadas no tienen un discurso real sobre fugas o sobre perturbación de actividad probatoria. Tienen un discurso donde la fiscalía reivindica su derecho a pedir detenciones cuando sostiene que tiene un caso suficientemente claro como para demostrar que los investigados van a ser condenados en el futuro. Bueno, esa regla no ha sido admitida hasta ahora por la Corte Suprema. Por eso creo, por ejemplo, que si la fiscalía quiere salvar el Caso Humala-Heredia en detención para juicio tiene que presentar acusación de inmediato, antes que la suprema acepte la casación que César Nakazaki ha propuesto, porque la suprema podría decirles: “En este momento, señores, no; primero me presentan acusación y después veo”.

—Pero en el caso de los directivos de las consorciadas, por ejemplo, no parece haber una investigación ya acabada que permita justificar una precondena…
Yo tengo la impresión de que la defensa, en la audiencia del domingo pasado, ha caído en una trampa. La audiencia se concentró en discutir si los acuerdos en consorcio para distribuir utilidades son sospechosos o no. Es claro que un consorcio puede, en el transcurso de los proyectos que tiene a su cargo, modificar las reglas de distribución de utilidades. Claro, hay un problema fuerte y es que los accionistas de las empresas tienen derecho a saber bajo qué condiciones exactas se han modificado las reglas de distribución de utilidades…

—La defensa sostuvo que la presunción de la fiscalía de que los ‘riesgos adicionales’ encubren el soborno se basa en un acta del 1 de junio, pero la fiscalía no reconoce que esa acta hace referencia a otra de febrero que sí específica detalladamente cuáles son esos riesgos adicionales… 
Exacto, sí. Y esto no ha quedado tampoco claro en el debate, pero la pregunta correcta es si el acta de febrero tiene una liquidación de gastos suficiente para que los accionistas de las empresas reconozcan que esta especie de innovación del acuerdo se justifica.

—¿Y se justifica? 
En la audiencia no se presentó ningún respaldo al acta de febrero por desgracia, y eso fue muy llamativo. De hecho hay una escena en la que el juez le pregunta a los abogados que presentaron el acta de febrero: “Bueno, y ¿en qué se respalda?”, y no hubo respuesta. Pero al margen de eso, lo que teñiría ese acuerdo de distribución de utilidades es si antes de que se produjera haya habido o no una reunión clandestina en la que Jorge Barata le haya dicho a los ahora detenidos que había pagado un soborno al ex presidente Toledo y que ellos tenían que encontrar la manera de reintegrar el soborno. Si esa reunión fuera cierta, dicho acuerdo posterior se convierte en delictivo. Entonces claro, la clave está en cuánta evidencia tiene el fiscal de que esa reunión se haya producido realmente. En la audiencia del domingo, el fiscal solo presentó un testimonio, el de un colaborador eficaz, Barata, y un colaborador eficaz no es un testigo, es un declarante interesado. El problema es que nadie en la defensa observó que la fiscalía tuviera prueba insuficiente sobre la existencia de esa reunión, y estamos hablando de estudios competentes. Ese punto es de manual.

—¿El tema de la detención preventiva no se podía manejar como detención domiciliaria, con grilletes por ejemplo, como es en Estados Unidos?
Sí, por supuesto, tenemos varias disfunciones: primero, la prisión preventiva se ha convertido en un reemplazo a nuestra incapacidad institucional de producir decisiones oportunas. En segundo lugar, estamos usando, para las detenciones preventivas, el penal de Ancón, que es para casos de máxima seguridad. En tercer lugar, estamos usando la cárcel, por el enorme retraso que tiene entre nosotros el sistema de implementación de grilletes y no tenemos tampoco un sistema de prisiones municipales.

—Da la impresión de que aquí, en general, estamos en una especie de pelea de todos contra todos y no hay capacidad alguna de conversación política, ¿no?
Sí, a ver, listemos Jaime: ¿qué estamos negociando en términos institucionales, entre la oposición y Gobierno? La única negociación en marcha es la de la fiscalía con Barata, Odebrecht y la fiscalía de Brasil, pero en términos del [Decreto de Urgencia] 003 ¿alguna empresa afectada está negociando con alguien que sepamos? ¿El Ejecutivo está negociando con el Congreso? ¿La citación al presidente de la República al Congreso fue negociada por alguien? Hemos perdido totalmente la perspectiva fundamental de la política que es ponernos de acuerdo en condiciones de equilibrio a partir de acusaciones transparentes. En la agenda institucional de hoy solo estamos cruzando acusaciones sin ninguna referencia a puntos que permitan estabilizar nuestros procesos. Como resultado, el 003 que ha sido ínfimamente usado. No hemos promovido ninguna venta de los proyectos de Odebrecht y, en consecuencia, la Costa Verde al Callao está parada, Evitamiento en el Cusco está parado. La clave del fracaso del 003 es que el Ejecutivo y el sistema político creen que no pueden negociar, y entonces el sistema político solo se acusa, unos a otros, y desde el Estado solo se embargan utilidades o se paraliza activos y nadie negocia.

“Estamos pagando una factura institucional”

—Ahora estamos en una guerra de acusaciones y retaliaciones. Algunos hablan de linchamiento colectivo. Por ejemplo, la Comisión Lava Jato citó a la esposa del presidente luego de que este dijera que solo respondería por escrito. ¿Le parece apropiada o necesaria esa citación?
Déjame retroceder un metro. Yo creo que estamos pagando una factura institucional. A principios de este siglo, en el 2000, cuando estábamos todos en el proceso de transición creamos en nuestro medio una enorme dictadura de los hombres buenos, todos aquellos que, me voy a incluir en el colectivo, sentimos de una u otra manera que habíamos sido atacados, reprimidos o marginados en el tramo final de los años 90, ese tramo tan fuertemente impregnado por la expansión de la organización de Montesinos. Cobramos, nos guste o no, una suerte de venganza contra el fujimorismo y contra la comunidad militar. Los invisibilizamos políticamente, los anulamos institucionalmente. Yo creo que al hacer que la tortilla se vuelva creamos el germen de lo que ahora está ocurriendo. La actual eliminación de canales equilibrados de comunicación política representa una suerte de venganza a la enorme disfunción que generamos en los años 90, en la forma de imponer el discurso de la Comisión de la Verdad, de la reivindicación frente a los crímenes de los años 90, del aplastamiento al fujimorismo; este es un círculo vicioso que tenemos que romper. Yo, en efecto, creo que la citación a la señora Lange en este instante es también la respuesta al presidente Kuczynski declarando que no va a ir al Congreso y que el Congreso es un circo, con lo que hizo lo mismo que hicimos todos a principios de siglo, negando el derecho del fujimorismo a tomar parte en las decisiones institucionales que marcaban el inicio del nuevo siglo. Estamos entrampados...

—¿El presidente debería asistir a la Comisión Lava Jato? 
Yo creo que el presidente tendría que explicarnos claramente si en el período que está en discusión, recibió o no, a través del señor Sepúlveda, contratos o asesorías que hubieran venido monitoreadas por Odebrecht, y eso significa revelarnos qué consultorías hizo, para quién las hizo, cuánto se le pagó y en los correos electrónicos que recibió a quien se reveló como el solicitante de esos acuerdos. Mientras no lo haga, las dudas van a persistir y esas dudas deterioran la imagen moral de la presidencia de la República. Esto puede no ser un crimen, porque el período que se discute es uno que no corresponde ni a su tiempo en la PCM, ni a su tiempo como ministro de Economía, ni a su tiempo como candidato.

—El presidente acaba de reconocer que hizo una consultoría para el proyecto H2Olmos. ¿Esto mueve una vez más la agenda, verdad? 
Ya que Odebrecht manejaba el proyecto falta saber quién lo contactó para hacer esa consultoría, quién exactamente la pagó y qué referencias pueden haber habido en el medio a los intereses de Odebrecht, si acaso hubo alguna. El asunto es de máximo interés en términos de moral pública, aunque pueda ser legalmente irrelevante. Espero que pueda marcar un punto de quiebre en la búsqueda de equilibrio en estos asuntos.

El Comercio, 11 de diciembre de 2017
https://elcomercio.pe/politica/cesar-azabache-allanamiento-medida-dura-siempre-concluyente-noticia-480495